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Peleas de gallos: apuestas, decomisos y cárcel

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Casos documentados en Kaufman y el sureste de Dallas confirman investigaciones locales, pero un decomiso no equivale a una condena.

DALLAS — Las consecuencias de una pelea de gallos pueden extenderse mucho más allá del lugar donde se enfrentan las aves: animales decomisados, cargos contra organizadores y espectadores, multas y, en determinados procesos, prisión federal.

Para los lectores de Seagoville, Crandall y Combine, existe una pregunta fundamental: ¿hay casos documentados cerca de sus comunidades?

Sí. La SPCA de Texas ha informado de intervenciones en el condado de Kaufman y en el sureste de Dallas.

Sin embargo, esos antecedentes deben describirse con precisión: documentar una investigación o el retiro de animales no demuestra, por sí solo, que una persona haya sido condenada ni permite atribuir actividad delictiva a una ciudad vecina.

Los antecedentes locales

El 17 de diciembre de 2024, una intervención en una propiedad del condado de Kaufman terminó con 137 animales bajo custodia de la SPCA de Texas: 50 gallos, 43 gallinas, 34 perros adultos y 10 cachorros.

En una publicación posterior, la organización informó que sus investigadores encontraron implementos para peleas de gallos, caminadoras manchadas de sangre y animales con lesiones compatibles con peleas organizadas.

El hallazgo constituye un antecedente documentado de una investigación relacionada con peleas de animales en Kaufman.

La publicación consultada, sin embargo, no establece una sentencia penal ni identifica el desenlace judicial de cada posible acusación.

En el sureste de Dallas existe otro antecedente directo.

Según un comunicado de la SPCA, el 24 de mayo de 2020 la organización y el Departamento de Policía de Dallas decomisaron 388 aves en una propiedad donde se desarrollaba una pelea de gallos.

La ubicación importa: el reporte corresponde al sureste de la ciudad de Dallas. No identifica el inmueble como situado en Seagoville, Crandall o Combine.

Los documentos revisados permiten confirmar esas intervenciones locales, pero no establecer cuántas terminaron en condenas.

Arrestos al norte de Dallas

El 28 de noviembre de 2025, agentes del condado de Collin acudieron a una propiedad cerca de Farmersville tras recibir una denuncia de crueldad animal.

De acuerdo con la oficina del sheriff, una orden de registro permitió decomisar 55 gallos vivos, dos muertos, implementos relacionados con peleas y dinero en efectivo.

Ocho personas fueron arrestadas por distintos cargos relacionados con peleas de gallos o evasión del arresto. Otras recibieron citaciones por asistir como espectadores.

Dos detenidos enfrentaron cargos graves bajo la categoría correspondiente a provocar peleas o participar en sus ganancias.

Otros fueron acusados de conductas clasificadas como delitos menores. El comunicado del 1 de diciembre de 2025 describía una investigación activa, no condenas.

Donde sí hubo sentencias

Un proceso de Amarillo ofrece un resultado judicial confirmado, aunque ocurrió en el Panhandle y no en el área metropolitana de Dallas–Fort Worth.

Según la Fiscalía Federal del Distrito Norte de Texas, Salvador Sanchez Chavez se declaró culpable de asistir a un evento de peleas de animales y recibió 11 meses de prisión el 23 de enero de 2026.

Otros dos acusados, Ivan Herrera Lopez y Jaime Gamez Resendiz, recibieron anteriormente ocho meses de prisión cada uno por distintos delitos federales relacionados con la operación.

Lopez también recibió una multa de 10.000 dólares.

La investigación comenzó con una intervención en febrero de 2024. Los agentes observaron peleas, gallos muertos, más de 160 gallos vivos y una pizarra utilizada para registrar apuestas.

Ese último elemento documenta la dimensión económica del caso. No permite concluir que todas las intervenciones por peleas de gallos incluyan cargos independientes por apuestas ilegales.

Qué castiga Texas

La sección 42.105 del Código Penal de Texas distingue entre varias conductas cometidas a sabiendas.

Provocar una pelea entre gallos o participar en sus ganancias constituye un delito grave de categoría state jail felony.

El rango ordinario de reclusión es de 180 días a dos años, con una posible multa adicional de hasta 10.000 dólares.

Permitir que una propiedad se utilice para estas peleas, poseer o entrenar gallos con esa finalidad, o manejar determinados implementos cortantes destinados a ellas constituye un delito menor de clase A: hasta un año de cárcel, una multa de hasta 4.000 dólares, o ambas sanciones.

Asistir como espectador constituye generalmente un delito menor de clase C, sancionado con una multa de hasta 500 dólares. Una condena previa por esa misma conducta puede elevarlo a clase A. La disposición sobre espectadores exceptúa a quienes tengan 15 años o menos.

La ley contempla defensas específicas relacionadas con exhibiciones avícolas y ciertas actividades lícitas. Invocar una tradición, por sí solo, no figura entre ellas.

Tener gallos tampoco demuestra automáticamente un delito: para las conductas de posesión y entrenamiento, la fiscalía debe acreditar la intención exigida por la ley.

Los antecedentes regionales muestran consecuencias reales.

También exigen una distinción esencial para informar con rigor: una sospecha inicia una investigación; una acusación requiere pruebas; una condena establece responsabilidad penal.

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